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No tener hogar no es solo no tener casa (1). Pedro

Esta semana desde IntegrACTÚA vamos dedicar el blog a las personas sin hogar. El otro día leímos este post de “Quiero entender el mundo”, un blog que seguimos habitualmente, y queremos compartirlo con vosotros porque nos parece que ofrece una visión concreta y muy cercana.

Por Vir:

“Pedro era electricista autónomo en Rumania cuando le pilló la crisis. Un par de malas operaciones, dos clientes impagados y se acabó lo de trabajar para comer. Con su trabajo ya ni le llegaba para pagar las deudas.

Cuando la pobreza entró por la puerta, el amor saltó por la ventana, como en el dicho popular. Su mujer se marchó y él, agobiado y solo, buscó su salida en un autobús rumbo al campo extremeño. Sin saber una palabra de español, se subió a ese autobús aferrado a una promesa incierta cuyo único atractivo era el de darle cobijo y comida durante un par de meses.

Y, como tenían que pasar, los meses pasaron y Pedro se quedó de nuevo solo, con poco dinero y sin saber qué hacer. Acabó viniendo a Madrid a probar suerte, pero la suerte no suele estar disponible en tiempos de crisis, menos si eres inmigrante y tienes 45 años.

Durante un mes tuvo que dormir en la calle, después de toda una vida al calor de un hogar y con la seguridad de una familia. Tenía miedo de noche, tenía frío y hambre todo el día. Empezó a pensar que no valía nada, a darse pena a sí mismo. Se acurrucaba, se escondía, no tenía fuerzas para que nadie le viera.

Hasta que un día, en un comedor social, un trabajador social le habló de una ONG que podía ayudarle, darle un lugar donde vivir, tramitarle ayudas del Gobierno, darle apoyo psicológico…

Conocí a Pedro después de que estuviera dos meses con esta ONG. Queríamos rodar un reportaje sobre personas sin hogar. Pedro estaba nervioso, apenas nos miraba mientras le interrogábamos sobre su vida. Es un hombre pausado, prudente, amable y educado, pero hay un miedo indescriptible en sus ojos… Aparte de las personas de la ONG que le ayudó, pocos habían oído su historia. Escuchamos con atención, montamos el reportaje en nuestras cabezas y le citamos para rodar al día siguiente conmovidos por su forma de contar las cosas, como si pidiera perdón por existir…”

Pincha aquí para leer el post completo.



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